domingo, 21 de septiembre de 2014

PAÍS VASCO. La participación de Vizcaya en la conquista del reino de Granada (I)

Era notorio por todo el mundo que las Españas en los tiempos antiguos fueron poseydas por los reyes sus progenitores; e que si los moros poseyan agora en España aquella tierra del reyno de Granada, aquella posesión era tiranía e no jurídica. E que por escusar esta tiranía, los reyes sus progenitores de Castilla y de León, con quien confina aquel reyno, siempre pugnaron por restituyr a su señorío, segúnd que antes avía sido” (Hernando del Pulgar, Crónica de los Reyes Católicos).

Billete de mil pesetas con la efigie de los Reyes Católicos

Ahora trataremos sobre un tema que creemos interesante porque se aborda no únicamente desde un plano estrictamente militar- como en un inicio pudiéramos suponer- sino que su trascendencia se extiende a otros ámbitos igual de importantes. La edificación de la Monarquía autoritaria de los Reyes Católicos y sus consecuencias: administrativas, hacendísticas, territoriales, institucionales... hicieron posible la culminación de un anhelo secular, el fin de la Reconquista. Hemos de reseñar la especial repercusión que mantuvo este episodio bélico en la naciente monarquía autoritaria castellana, suponiendo una excelente plataforma desde la cual ensayar los instrumentos que cimentaron los pilares del Estado Moderno. Pese a constituirse-como bien han explicado algunos expertos- en la última de las guerras medievales castellanas, resultó una especie de prueba general de todo aquello que aún está por venir. Las campañas italianas y la política bélica expansiva de lo que con el decurso de los acontecimientos hubo de cristalizar en un Imperio, fueron en gran medida herederas de las prácticas desplegadas en este desencuentro armado. Y es que tal designio de los R.R.C.C. posibilitó reunir las fuerzas de todo el reino en un fin común, en este sentido Vizcaya queda establecida como un paradigma ya que los banderizos que asolaban el señorío con sus afamadas luchas de bandos, se vieron impelidos a luchar junto con sus antiguos adversarios ante un enemigo compartido. La crisis del siglo XIV había afectado gravosamente a esta pequeña nobleza que vió limitada en gran medida sus recursos, lo que contribuyó con ahínco en el incremento de la conflictividad sobre la región.
 
La Alhambra

Las gentes del Señorío de Vizcaya desde las más tempranas épocas participaron en la voluntad reconquistadora de las tierras peninsulares que el cristianismo y el islam mantenían en dilatada disputa. Veremos que los vizcaínos como copartícipes en la caída del último baluarte musulmán de la península-el reino nazarí de Granada- no hicieron sino seguir el rumbo del afán guerrero de sus más inmediatos antepasados contra un tradicional enemigo de la “santa fe católica”. Cada uno de los estamentos sociales imbricados en la sociedad vizcaína se incluyeron de una forma u otra en el anhelo restaurador: labradores, villanos, linajudos e incluso delincuentes sentenciados por un colorido abanico delictivo, aunaron bríos para el logro de un objetivo compartido y unificador. De dicho mancomunado prurito obtuvieron una amplia serie de dádivas, mercedes o recompensas que podían trascender del simple orden material, cristalizando en el plano espiritual en forma de indulgencias plenarias para los pecados e infracciones religiosas cometidas en vida.

Mapa de la Reconquista extraído de internet (quizás realizado por 'undevicesimus')

El actualmente discutido concepto de Reconquista ha venido siendo un eje fundamental desde el que orbitaba nuestra clásica historiografía, e implicó durante centurias un principio legitimador de la expansión cristiana para una monarquía castellano-leonesa declarada heredera directa del vetusto reino visigodo.

Carlos Martel en la Batalla de Tours

Cristianos jugando al ajedrez
Musulmanes jugando al ajedrez











“(…) el pueblo de Castilla fue un pueblo regido por un Estado que nunca revistió las peculiares características históricas directa o indirectamente herederas del imperio carolingio; un pueblo que aspiraba a la riqueza y al medro por la espada, en el áspero batallar «divinal» para extender el reino de Dios y el suyo (…). El pueblo de Castilla fue por ello durante largos siglos un pueblo con un alma fronteriza; un pueblo que en los altos de su avance rumbo al Sur pensaba y soñaba en el cercano salto hacia tierras de infieles; un pueblo que se regodeaba con la esperanza de nuevas conquistas, que saboreaba de antemano la hora alegre en que tras vencer al perro moro haría suyos olivares y viñedos, huertos y trigales, prados y cortijos, y en que ocuparía casas y casonas de villas y ciudades, donde todavía humearían los últimos rescoldos de los hogares recién abandonados por los mahometanos y en que todos serían ricos por arte de magia” (Claudio Sánchez-Albornoz).


 Santiago auxiliando a las huestes cristianas

Me resulta imposible resistirme a mencionar, aunque sea de manera fugaz, la figura del héroe y emblema de la Edad Media española. Nos referimos claro está a Rodrigo Díaz de Vivar (1048-1099), el más conocido como Cid campeador. Caballero que personifica la Reconquista y cuyo Cantar se eleva como una de las obras cumbres de la literatura castellana. Aquel servicio que prestó a Sancho II de Castilla, el conflictivo vasallaje con Alfonso VI, su destierro o la conquista de Valencia forjaron una vida de leyenda. Incluso la espada- Tizona- y la montura- Babieca- que empleaba resultan familiares al español actual y forman parte de la rica cultura popular hispana.


CASTILLA (M.Machado)

El ciego sol se estrella
en las duras aristas de las armas,
llaga de luz los petos y espaldares
y flamea en las puntas de las lanzas.
El ciego sol, la sed y la fatiga
Por la terrible estepa castellana,
al destierro, con doce de los suyos
-polvo, sudor y hierro- el Cid cabalga.
Cerrado está el mesón a piedra y lodo.
Nadie responde... Al pomo de la espada
y al cuento de las picas el postigo
va a ceder ¡Quema el sol, el aire abrasa!
A los terribles golpes
de eco ronco, una voz pura, de plata
y de cristal, responde... Hay una niña
muy débil y muy blanca
en el umbral. Es toda
ojos azules, y en los ojos. lágrimas.
Oro pálido nimba
su carita curiosa y asustada.
"Buen Cid, pasad. El rey nos dará muerte,
arruinará la casa
y sembrará de sal el pobre campo
que mi padre trabaja...
Idos. El cielo os colme de venturas...
¡En nuestro mal, oh Cid, no ganáis nada!"
Calla la niña y llora sin gemido...
Un sollozo infantil cruza la escuadra
de feroces guerreros,
y una voz inflexible grita: "¡En marcha!"
El ciego sol, la sed y la fatiga...
Por la terrible estepa castellana,
al destierro, con doce de los suyos -polvo, sudor y hierro- el Cid cabalga.




CANTAR MÍO CID (Estrofa IV)

Los de mío Çid       a altas vozes llaman,
Los de dentro      non les querían tornar palabra.
Aguijó mío Çid,       a la puerta se llegaba,
Sacó el pie del estribera,     una ferídal’ daba;
Una niña de nuef años           a ojo se parava:
<<¡ ya Campeador, en buen        hora çinxiestes espada!
>> El rey lo ha vedado,     anoch d’el entró su carta,
>> non vos osariémos      abrir nin coger por nada;
>> si non, perderíemos       los haberes e las casas,
>> e demás los ojos de las caras.
>>Çid, en el nuestro mal          vos non ganades nada;
>> mas el Criador vos vala      con todas sus vertudes santas
Esto la niña dixo     e tornós por a su casa.
Ya lo ve el Çid      que del rey non habíe graçia.
Partiós’ de la puerta,          por Burgos aguijaba,








Y con esto creo que ya es suficiente por hoy. En la próxima entrada de Las huellas perdidas de Odiseo retornaremos a este apasionante tema ¡Os espero!

Un abrazo.

Sergio D. S.






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